LA BITÁCORA ELECTRÓNICA

sábado, noviembre 25, 2006

La Intensificación de los Radicalismos Bipolares

Perspectivas del yihadismo internacional y la "guerra contra el terrorismo"

El choque de civilizaciones planteado por Huntington representa un manifiesto profético del curso de acontecimientos sucedidos en el siglo XX por el segundo gran encuentro entre occidente y el mundo musulmán. La confluencia de intereses políticos y económicos en la expansión real de las potencias occidentales es el factor común que determinará los grandes fracasos de la imposición e imitación de los modelos de desarrollo externos en las naciones arabes. Consecuencia de este elemento de carácter infraestructural, desde inicios de los años 80' los movimientos "fundamentalistas" islámicos tomarán fuerza como manifestación de las tensiones superestructurales entre ambas civilizaciones.

El ejemplo de las elites regionales coludidas con las grande spotencias -como Inglaterra, Francia, la Unión Soviética y Estados Unidos- y los detrimentos de estas relaciones sobre la Umma son el principal argumento que ha elevado las pasiones islámicas del yihadismo internacional. Tal fenómeno aparece como consecuencia de una represión histórica -en el sentido freudiano- vigente a sangre y fuego en el imaginario musulmán. El proceso evolutivo de esta comunidad se enfrenta desde un comienzo al vínculo intrínseco entre la organización político-social y la base identitaria religiosa que hoy emerge como elemento de distinción cultural irreconciliable.

La complejidad de este proceso con inexorable fin se ve acentuado por las tensiones internas entre los "hermanos musulmanes". Si en un principio los movimientos nacionalistas, el panarabismo y el panislamismo intentaron cohesionar a la comunidad, las traiciones internas entre grupos chiíes y sunníes por decisiones políticas y los intereses privados de las elites segregarán de forma compleja el sistema regional. Sin embargo, la sucesión de acontecimientos de los últimos cuarenta años han afirmado -según Chahuán- las convicciones intestinas de la comunidad en torno al fundamento religioso en oposición a las agresiones de un enemigo común con centro en Washington. La satanización de los intereses materiales fueron crítica en el mundo bipolar de la Guerra Fría. Hoy la dialéctica global se encamina a la antitesis de dos culturas disímles en sus estamentos políticos, sociales, económicos y religiosos.

Los 80' marcarán la retirada de este escenario. La consolidación de un bloque mundial occidentalizado frente al "reeducto" musulmán avizora un enfrentamiento o "cruzada" final sustentada en las fibras más íntimas del islamismo. Esto queda de manifiesto por la homogeneización imaginaria que las dos culturas mantienen mutuamente como amenazas, lo que incrementa las odiosidades totales de aquellos grupos más radicales por lado y lado. El Departamento de Seguridad de Estados Unidos, bajo el mando republicano, contaba en su eje del mal organismos y Estados sunníes como Al Qaeda e Irak. Ahora apunta al otro sustrato del caos musulmán, el centro Chií representando por Irán y su amenaza de programa nuclear.

Cada conflicto en la región desencadena otro e integra a otros actores. La violencia está agudizando los conflictos a largo plazo y la lucha por las respectivas libertades parece traer más represión, más contención. Una verdadera bomba de tiempo que tras la crisis Palestina, las invasiones de Irak, la guerra israelí contra Hezbollah en el Líbano, la constante amenaza norteamericana y la guerra contra el terrorismo se desata a escala global. Este choque de civilizaciones tiene una razón profunda en el potencial nivel de conflicto que representan dos visiones del mundo en oposición absoluta, las castas radicales de dos monoteismos. Si el tono de las Fatwas precedentes al mega atentado del 2001 parecen extremistas cabe imaginar el rencor actual de la comunidad musulmana. Además se han reforzado las alianzas del antiguo mundo bipolar y los enemigos difusos en alguna época ahora aparecen identificados con los símbolos de cada cultura.

A su vez, los objetivos idealistas de organismos internacionales parecen retirarse para dar paso a un enfrentamiento transnacional, totalmente ideológico e irreconciliable. La lamentable incompetencia de la ONU y otras instancias en este fenómeno ha permitido un espacio de "anarquía" en el derecho internacional. El más fuerte elabora listas negras, y procede a ocupaciones, invasiones, arrestos, torturas y matanzas sin contemplar los delicados contextos locales. Así lo demuestran los resultados de la campaña reciente en Irak donde -en declaraciones recientes- Bush ha reconocido un "Vietnow". La situación de incontrolable guerra civil amenaza los fundamentos mismos del Estado iraquí, el que ahora tiene un frágil mando basado en la mayoría Chií afín en su sustrato ideológico, al nuevo enemigo marcado por Estados Unidos: el régimen de Mahmoud Ahmadineyad.

En defintiva, hay que destacar el alto nivel de transnacionalización que alcanzó el conflicto, lo que es el mejor síntoma del profético texto de Huntington. Los grupos radicales islámicos aparecen repartidos por el mundo, incluso en el seno mismo del enemigo occidental. Por su parte, Estados Unidos invade el mundo. Pero lo que resulta preocupante es la naturalización de esta práctica en los intereses reales de la diplomacia del sistema internacional. La última gran derrota republicana en las elecciones para el congreso promete un viraje en la fracasada política externa estadounidense o al menos una disminución en sus niveles de mediática agresividad.

domingo, noviembre 05, 2006

FMI y Banco Mundial (segunda parte)

Los padrinos del mercado internacional

El poder norteamericano

Estados Unidos a finales de la Segunda Guerra había afianzado su poder político y económico. Tras la victoria aliada sucedió definitivamente a Inglaterra como la gran potencia del mundo occidental. Desde esta época controló cerca de un tercio de las exportaciones mundiales, registrando los mejores índices de balanza comercial de su historia, y un PIB equivalente al 50% del producto global.

La inmejorable situación una vez finalizada la guerra tentó a sus políticos y empresarios a una expansión agresiva. Pero, como señala el historiador Erick Hobsbawm “fue la Guerra Fría lo que los incitó a adoptar una perspectiva a más largo plazo, al convencerlos de que ayudar a sus futuros competidores a crecer lo más rápido posible era de máxima urgencia política”.

De esta forma, Estados Unidos consolidó progresivamente una posición dominante en el escenario internacional. Su manejo en la estructuración de los nuevos organismos financieros, de los cuales dependían las naciones debilitadas por la guerra, garantizó la extensión de un bloque liberal de contención a la amenaza soviética.

Pero la globalización liberal reconoció sus primeras formas en el período de entreguerras con la formación del Cordón Sanitario de Naciones Emergentes en la Europa oriental. Bajo el auspicio de Woodrow Wilson, desde el Tratado de Versalles se buscó contener los focos revolucionarios en la Unión Soviética. Este fue el antecedente que promovió la mundialización del sistema de relaciones internacionales del bloque liberal occidental. Es así como “con el avance del siglo, la reformulación de las relaciones internacionales en torno a la ONU y a otros organismos internacionales como el FMI o el BIRF se reconocería la importancia fundante de la Sociedad de las Naciones en la institucionalidad económica transnacional actual”.

La estructura del FMI y el Banco Mundial dan cuenta del grado de poder que desde su fundación ha tenido Estados Unidos en sus decisiones, ya que el porcentaje de voto esta determinado por las cuotas de Derechos Especiales de Giro o DEG que posee cada país en el organismo. Estas cuotas se asignan de acuerdo a la relación directamente proporcional entre el tamaño de la economía y el monto de aportes de cada nación a la entidad. En la práctica esto implica una participación diferenciada donde las políticas impulsadas desde el directorio se encuentran fuertemente manejadas por Estados Unidos. Para Francisco Prieto “El fondo en muchos ámbitos refleja el pensamiento político e ideológico del manejo económico americano. Pero hay bastante seriedad en los consejos del fondo. Es coherente y compatible con la lógica económica estricta”.

Por otra parte, Manuel Riesco, ingeniero-economista y ex candidato a senador en Santiago oriente por el pacto Juntos Podemos, asegura que esta hegemonía norteamericana en la economía mundial ha decaído enormemente frente a la emergencia intempestiva de países como China y la India que se proyectan como las grandes economías de aquí a diez años. Sostiene que esto a futuro hará “cambiar la correlación de fuerzas al interior de los organismos comerciales y financieros internacionales. En la medida que Estados Unidos pierda fuerza relativa le va a pasar lo mismo que a Inglaterra en el siglo pasado. Ellos fueron la superpotencia política y bélica hasta muchos después de dejar de serlo económicamente. A Estados Unidos también le va a llegar su cuarto de hora”.

El síntoma restrictivo

La erosión de las fronteras políticas frente a la omnipotencia de estos organismos financieros ha sido la principal fuente de críticas a su labor. El “código de conducta” implementado por el FMI fue sindicado como uno de los responsables de las recesiones y crisis financiera que a fines de los 90' se produjeron en distintos países latinoamericanos. Las políticas de ajuste estructural han generado controversia desde la ortodoxia de los 50 hasta las nuevas estrategias de desarrollo delineadas tras la crisis de los 80'. Prieto explica que “el buen juicio que el FMI hace de un país ha dependido de la implementación de reformas impopulares, ya que siempre ha estado detrás del alza de servicios básicos que permitan el financiamiento de las empresas para que el Estado no tenga déficit”.

El caso de Argentina es el ejemplo que ocupan los críticos para denunciar el fracaso del FMI. Sin embargo, para Prieto, “a nivel interno, además de la falta de transparencia y la grave corrupción, se cometieron demasiadas incoherencias en el manejo macroeconómico. La fijación igualitaria del dólar con el peso en una situación inflacionaria estaba condenada al fracaso”. Por otra parte, destaca la falta de anticipación de este organismo en la crisis asiática. “Pocos días antes que se desató la crisis emitieron un informe donde respaldaban el éxito de las políticas económicas en los países del Asia. Estos recibieron la bendición del fondo, pero a los pocos meses estaban en crisis de sobreendeudamiento y problemas para responder a los compromisos financieros”.

Las principales medidas impulsadas desde el FMI han presionado a los gobiernos de países en desarrollo, bajo condicionamiento prestamista ante desequilibrio en sus balanzas de pagos, a la ejecución de políticas monetarias y fiscales que han significado la contracción del gasto social. La privatización de empresas públicas, la reducción del papel del Estado en el mercado y las graves brechas en la distribución del ingreso son las consecuencias que más rechazo produjeron frente a la situación de grupos vulnerables. Tras estas disposiciones se buscaba la consecución del saneamiento del presupuesto público y la mantención de políticas de superávit para saldar los problemas de deuda externa. De aquí en adelante se consolidaría la explicación respecto a que las malas gestiones eran las que llevaban a los Estados a acudir al FMI.

Manuel Riesco recalca que estas prácticas, apoyadas por las oligarquías de los grandes países capitalistas, “encontraron el ferviente respaldo de las elites latinoamericanas, quienes eran las principales beneficiarias. El grado de extremismo en la aplicación de estas políticas ha sido distinto en los diversos países”. Para Riesco “se creo en la burocracia de estos organismos una cultura de imponer políticas fiscales muy restrictivas a los Estados endeudados. Pero en la actualidad el grueso de los préstamos es recibido por entes privados. Así mismo estas políticas restrictivas son responsables de las recesiones recientes, ya que provocan el empeoramiento de las capacidades de pago de los que realmente están endeudados, es decir, los privados”.

Según Riesco, la situación actual de nuestro país no justifica las medidas de shock que el FMI ha mantenido a lo largo de su historia. “Chile necesita construir un Estado de Bienestar, eso hacen los países cuando llegan a un nivel de desarrollo como el nuestro. Hay que duplicar el gasto social paulatinamente para a largo plazo pasar del 15% al 30% como promedio latinoamericano. El gobierno chileno hoy gasta menos del 10%...”. En esta línea surgen con fuerza las opiniones de distintos especialistas respecto a los objetivos futuros de los principales organismos internacionales como efectivos mecanismos multilaterales. El consenso parece estar determinado por la aplicación del principio del equilibrio de intereses recíprocos no desde la aplicación directa de los intereses de los países mas avanzados.

jueves, noviembre 02, 2006

FMI y Banco Mundial (primera parte)

Los padrinos del mercado internacional

El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial son los mayores referentes del transnacionalismo actual. Mientras el primero ha logrado mayor control sobre la estabilidad macroeconómica internacional, el otro ha incentivado el desarrollo a niveles locales. Sin embargo, la consolidación mundial de estos organismos ha traído duras críticas de parte de organismos anti globalización y en algunos casos, el proceso no ha sido nada fácil.

Una necesidad transnacional

La depresión de 1929 y la devastación económica europea tras las dos Guerras Mundiales fueron las grandes razones para la creación de un Fondo Monetario Internacional y un Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (B.I.R.F.) Los acuerdos logrados el año 1944 en la Conferencia de Bretón Woods buscaron generar una institucionalidad internacional que permitiera la cooperación monetaria y financiera sobre la base de una reglamentación básica del comercio mundial. Francisco Prieto, director del Centro de Estudios de Política Comercial de la Universidad de Chile, señala que de esta forma “se establecieron tres instituciones que serían pilares del sistema económico multilateral para disciplinar el comportamiento económico: el FMI, con objetivos de regulación monetaria y financiera, el Banco Mundial, destinado al financiamiento para el desarrollo y, en un principio, el GATT con una función netamente comercial”.

Las principales medidas a adoptar por el FMI apuntaban a la estabilidad cambiaria, tratando de evitar depreciaciones competitivas, la implementación de un sistema de pagos multilateral, la eliminación de las barreras al crecimiento del comercio mundial y el otorgamiento de facilidades para el equilibrio de sus balanzas de pagos para los estados integrantes del FMI. Por otra parte, el B.I.R.F., denominación antecedente del Banco Mundial, se orientó a largo plazo al fomento productivo de los países menos desarrollados como complemento a la labor del FMI. Pero su objetivo inmediato se centró en la reconstrucción de la devastada infraestructura europea. Junto al Plan Marshall en 1947, la campaña norteamericana por la reactivación económica del viejo continente se intensificó.

La importancia de estos organismos radica en la gravitación de sus políticas sobre las naciones menos desarrolladas. Al respecto, Francisco Prieto indica que “tienen la capacidad de facilitar o dificultar el acceso de una nación al financiamiento internacional. Es una suerte de aval. Cuando el FMI da respaldo a un país significa que estima que está manejado de forma sana y prudente por sus autoridades políticas y económicas. Cuando un país recibe el rechazo del FMI se le cierran las puertas y nadie le presta un peso”. La postura de estos organismos fueron determinantes en el “Consenso de Washington”, reunión celebrada en 1989 donde se definieron las reformas estructurales y las políticas de ajuste que se impondrían a Latinoamérica tras la crisis de la deuda externa en 1982. Desde estas instancias se delinearon las privatizaciones, las aperturas comerciales, los equilibrios macroeconómicos y el orden de la política fiscal y monetaria.

domingo, octubre 29, 2006

La Discordia de Doha (segunda parte)


Crisis Latente en la OMC

Bilateralismo y proteccionismo

El momento actual por el que atraviesa la OMC es decisivo para observar cuales serán las futuras tendencias de la política económica global. El auge de los tratados, acuerdos y pactos bilaterales contrasta con la lentitud y dificultades de las negociaciones multilaterales. Por otra parte, una contracción hacia el proteccionismo es un escenario posible ante e eventual fracaso del programa de Doha.

Los grandes defensores del proceso de liberalización plantean la necesidad del acuerdo multilateral. Mario Matus, representante chileno ante la OMC, declaró a la BBC: “el régimen de la OMC es el que permite que el grande no se aproveche del chico, que esté defendido frente a los grandes mercados. Por eso es importante mantenerla y mantener su credibilidad”. Rosales agrega que “las reglas multilaterales podrán ser ineficientes e insuficientes. Pero es mejor tener eso que no tener nada, ya que en ausencia de un marco multilateral lo que prima es la regla del más fuerte”. En este sentido, el objetivo trasciende el establecimiento de una mayor certidumbre jurídica. También es un compromiso para evitar una eventual extensión del proteccionismo desde los países más poderosos.

Un fracaso sería una mala señal de la eficacia de la OMC y sus Organismos de Solución de Diferencias (OSD). Para la CEPAL, ya la dinámica actual deja brechas para que el gobierno perdedor “compre” su obligación de cambiar una normativa proteccionista, ofreciendo a cambio una compensación o soportando la retorsión. Tal hecho se verifica con frecuencia cuando el perdedor es un país desarrollado, dotado de las capacidades económicas necesarias tanto para ofrecer una compensación como para neutralizar los efectos negativos de una retorsión”. Pero Rosales sostiene que “esto no es una debilidad de la OMC, sino un reflejo de la simetría de poder que existe en la sociedad global. Existe menor disposición política de los gigantes a acatar las normativas. Pero yo creo que sumando y restando la tendencia es que el marco multilateral se va imponiendo”.

Noam Chomsky, reconocido académico norteamericano, critica que estas reglas son principalmente para los débiles, ya que “los ricos hacen más o menos lo que se les antoje”. Según plantea, estas reuniones, más que promover el desarrollo y el crecimiento económico, dan cuenta de un pequeño grupo de elites mundiales que forman parte de un gobierno mundial de facto. En este sentido, el sistema de la OMC –junto a la díada FMI y Banco Mundial– es el mecanismo para imponer políticas de statu quo neoliberal acomodadas a los intereses de los poderes económicos. Precisamente los procesos de liberalización más traumáticos e intensos han provenido de la apertura “unilateral” de las economías más pobres y en desarrollo.

El gran problema no sólo es la carencia reglamentaria, sino que los países ricos han desarrollado variadas formas para evadir las reglas de la OMC. Esto incluye barreras no arancelarias, como requerimientos fitosanitarios o de control aduanero, y el incumplimiento de resoluciones. Para los poderosos no es imperativo acatar las normas pese a la existencia de los OSD. Es así como Estados Unidos y la Unión Europea han puesto problemas a la modificación de sus políticas tras perder en algunos panels. Ejemplos ilustrativos son el caso del bloqueo norteamericano a Cuba o el triunfo que obtuvo Brasil en el Órgano de Solución de Diferencias tras sus acusaciones en contra de las subvenciones europeas al azúcar y de las subvenciones estadounidenses al algodón.

La emergencia de China y su ingreso a la OMC es otro de los responsables del fenómeno proteccionista en Estados Unidos y la Unión Europea. Este proteccionismo del primer mundo y las serias dificultades en las negociaciones de la OMC se refleja en el incremento proporcional de reclamos contra países desarrollados en materia de antidumping y subsidios a la exportación. Para entender este fenómeno Chomsky indica que “el proteccionismo fue un elemento crucial, casi sin excepción, en el desarrollo de todos los modelos más exitosos del primer mundo. Ahora los países avanzados intentan evitar que otros utilicen estas mismas estrategias para desarrollar sus economías”. Al respecto, un ejemplo recurrente es el pasado y presente del tema de propiedad intelectual.

La experiencia chilena

Sólo en el ámbito bilateral el comercio mundial parece caminar hacia la apertura. Así lo demuestran los 14 tratados comerciales con 48 países cerrados por Chile. El caso chileno, según diversas autoridades del comercio mundial, demuestra los beneficios que la apertura bilateral puede otorgar. Nuestro país ha incrementado el intercambio comercial –en especial sus exportaciones– con las naciones a las que se ha asociado comercialmente. Países como Chile o México han optado por este camino como segunda opción ante las dificultades del campo multilateral. Según Rosales, la lentitud de estas instancias “es mucho para países que necesitan crecer con estabilidad y a tasas elevadas para seguir generando empleos y reducir la pobreza”.

Los acuerdos le han brindado a Chile un acceso preferencial a mercados más desarrollados. Pero la proliferación y diversidad de acuerdos existentes a nivel global ha producido lo que ha sido descrito como el fenómeno “spaghetti bowl”. Para Rosales, la principal dificultad que genera –como serie de acuerdos distintos, disímiles en normas de origen y en procedimientos aduaneros– es el llamado efecto de desviación de comercio internacional. “Es decir, un comercio que se realiza sólo en virtud de las rebajas arancelarias y no en virtud de la cualidad de los bienes”. Además “genera costos de transacción para los empresarios privados porque los requerimientos de producción van a depender del país al cual tienen que exportar y si existen o no acuerdos”.

Para Chile un quiebre en las negociaciones del programa de Doha no significaría grandes costos. Sin embargo, logros en agricultura representaría ganancias para los exportadores si consideramos las “ventajas comparativas” del país en el sector. La excepción se presenta en el sector azucarero y otros productos con sistema de bandas de precios. Pero con la disminución de las distorsiones en este mercado se lograría lo que no se ha obtenido en los acuerdos bilaterales: reducción arancelaria y de subsidios a la exportación con la Unión Europea y de ayudas domésticas con Estados Unidos. Matus agrega que también mejoraría el acceso de Chile a sus símiles en desarrollo, ya que “sus mercados son cerrados y nosotros con ellos no tenemos acuerdos grandes ni profundos”.

La bilateralización de las relaciones económicas de Chile es citada como ejemplo de buenas prácticas. Se ha mantenido una apertura unilateral progresiva desde los años 70’. Pero las negociaciones con el mundo desarrollado han abordado áreas menos sensibles y –dado el tamaño de nuestra economía y su individualidad regional– han recibido el visto bueno de las contrapartes al no representar una amenaza para la producción de esos mercados. Las negociaciones bilaterales que están llevando a cabo países de nuestra región con naciones industrializadas –más grandes y poderosas– representan el riesgo de que finalmente imperen las relaciones de poder. Sin embargo, otros sostienen que esta propagación de acuerdos pavimenta un entendimiento final en el programa de desarrollo multilateral.

jueves, octubre 26, 2006

La Discordia de Doha (primera parte)

Crisis latente en la OMC

Últimas reuniones del G-20 en Río de Janeiro no auguran un compromiso de las naciones más desarrolladas a corto plazo. La piedra de tope una vez más la presentan los enormes subsidios agrícolas de Estados Unidos.

Desde el año 2001 las negociaciones del “Programa de Doha para el Desarrollo” representaron un desafío monumental para la OMC (Organización Mundial de Comercio) El objetivo implicaba buscar el consenso de los 149 Estados miembros sobre temas de liberalización económica siempre sensibles para la política interna de cada nación. Hoy la gran apertura del comercio global sigue trabada por las propuestas antagónicas entre países desarrollados y países en vías desarrollo. En la reunión de Río de Janeiro, realizada este mes de septiembre, el único acuerdo logrado fue –nuevamente– la postergación de las negociaciones al 2007.

De Uruguay a Qatar

La formación del bloque político liberal y la retirada de los gobiernos socialistas marcan el contexto histórico del proceso que consolidó la proyección de un libre mercado a nivel mundial. La denominada Ronda de Uruguay, iniciada en 1986, representó la negociación de mayores proporciones en la historia del ámbito comercial. Se trabajó más de diez años en la consolidación de un piso de acuerdos sobre la base del reglamento establecido en el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) desde1948. El tiempo que duraron las negociaciones, sobrepasadas permanentemente en sus plazos, es reflejo de las complejidades que transcurrieron durante ese período donde el fracaso siempre fue una amenaza.

Los resultados de la Ronda de Uruguay cumplieron las expectativas de sus promotores. Más allá de reducciones arancelarias, se lograron avances normativos en materias como servicios, propiedad intelectual, textiles, finanzas y en una lista de productos de la más variada índole. Pero el fruto de mayor contundencia fue la creación de un nuevo proyecto institucional para la regulación del universo de materias comerciales, la OMC. El año 1995 en Ginebra se constituyó este organismo multilateral encargado de trabajar permanentemente en la solución de diferencias, en los programas de futuras negociaciones y en transparentar las reglas internacionales que permitieran el crecimiento económico.

Por razones de agotamiento, la OMC trabajó mayormente sobre la institucionalidad acordada en sus primeros años y un nuevo momento de negociaciones se proyecto recién para fin del milenio. Durante la segunda mitad de la década de los 90’ se delineó un programa para hacer frente a las necesidades aún vigentes del comercio mundial. De esta manera, tomó forma la Ronda de Doha para el Desarrollo el año 2001. Sus principios fundacionales apuntaban a transformarse en una nueva instancia de apertura con especial dedicación a los problemas de los países en desarrollo en la aplicación legislativa ya validada.

El calendario inicial para llevar adelante el programa establecido en Doha consideraba el año 2005 como fecha límite para terminar las negociaciones. Tal plazo coincidió con la reunión ministerial de Hong Kong realizada el pasado mes de diciembre. Pero, al igual que en la de Cancún el 2003, no se obtuvieron avances sobre los temas centrales y se determinó aplazar al 2006 el cierre de los acuerdos.

El eje del conflicto

Desde la creación del GATT en 1948 hasta las tratativas de Doha en el 2001, los “productos agrícolas” han sido marginados de las discusiones relevantes de liberalización. Por otra parte, la categoría de “productos no agrícolas” –relacionados con la competitividad de la industria y alta tecnología de naciones más desarrolladas– han sido los mayores beneficiarios del proceso de apertura comercial. En esta línea, el programa de Doha, donde el tema agrícola y el Tratamiento Especial Diferenciado a las economías más pequeñas son el elemento central, ha confrontado los intereses de las principales potencias con las pretensiones de los países en desarrollo.

Tras cinco años de negociaciones, y vencidos los plazos originales, la última reunión ministerial –realizada el pasado mes de junio en Ginebra– nuevamente generó disenso entre las partes. El eje del litigio está demarcado claramente por tres tipos de actores y tres áreas de interés. Estados Unidos no desea eliminar los subsidios a la producción, la Unión Europea es reticente a mejorar el acceso a su mercado (tienen aranceles de 80%, 100% y hasta 180%) y el grupo de países en desarrollo no está dispuesto –en estas condiciones– a rebajar aún más los aranceles a los “productos no agrícolas”. He aquí una de las contradicciones entre el idealismo fundacional de este proyecto y los intereses de facto que lo determinan.

Osvaldo Rosales, Director de la División de Comercio Internacional e Integración de la CEPAL y ex Director de Relaciones Económicas Internacionales de nuestra Cancillería, señala que “las diferencias quedaron en evidencia tras el fracaso de Cancún en el 2003. Ahí se gestó el llamado G20, articulado por Brasil para representar los intereses agrícolas de los países en desarrollo”. Este grupo de países en desarrollo, integrado por doce latinoamericanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Cuba, México, Paraguay, Guatemala, Colombia, Uruguay, Ecuador y Venezuela), cinco africanos (Egipto, Nigeria, Sudáfrica, Tanzania y Zimbabwe) y seis asiáticos (China, India, Indonesia, Pakistán, Filipinas y Tailandia) se ha transformado en un actor relevante durante las últimas negociaciones. Sin embargo –dadas las diferencias de tamaño, estructura y política de desarrollo económico– han tenido inconvenientes a la hora de unificar posiciones y manifestar una postura conjunta.

Hasta ahora el principal obstáculo para el avance de un acuerdo lo presenta la postura intransigente de Estados Unidos respecto a su acción subsidiaria. Rosales destaca que “Estados Unidos en el 2002 elaboró su llamada “Farm Bill”, lo que significó una distorsión adicional para las negociaciones. La nueva legislación agrícola tenía una trampa, ya que elevaba sus subsidios domésticos y entraba a la ronda de negociación con un techo mayor al de su real subsidio”. El límite de ayudas internas que poseen hoy es de 48.000 millones de dólares anuales y la oferta planteada es recortarlos a 22.500 millones. Pero la UE y el G-20 destacan que sólo en 2005, Estados Unidos entregó ayudas por 20.000 millones de dólares.

El Comisario de Comercio de la Unión Europea, Peter Mandelson, manifestó su pesimismo en la última reunión sostenida por el G-20 y otros altos representantes de comercio este mes de septiembre en Río de Janeiro. Señaló que frente a las próximas elecciones para el Congreso estadounidense se ven escasas posibilidades de éxito en las negociaciones de la OMC. La problemática que implica tocar temas sensibles durante las respectivas campañas, como la reducción de subsidios a la producción interna, es el factor decisivo para el anuncio de la postergación de las conversaciones multilaterales al 2007.

La falta de resultados significativos en agricultura ha impedido realizar progresos sustanciales en otras áreas como servicios, propiedad intelectual, medioambiente, inversiones, antidumping o Tratamiento Especial Diferenciado (destinado justamente a favorecer a los países menos desarrollados). Estos marcan otros escenarios de discusión que complejizan aún más el amplio y ambicioso proyecto de Doha. Hasta el momento las únicas concesiones otorgadas por las grandes potencias son tratos preferenciales a las exportaciones de los países más pobres.

martes, octubre 10, 2006

Número 0



Número 0 de Bitácora electrónica: próximamente.